Cuando yo era chico e iba a la casa de mi abuela Concepción Asunción Muraca, en el límite del Parque Chas, solía encontrar a Roque, a quien mis parientes llamaban "el marchante" pues cada tanto los visitaba para venderles prendas de vestir y ropa de cama. Según murmuraban, Roque había estado en la II Guerra Mundial y era amigo del yerno de Mussolini. Un día, cuando vino a retirar unos frascos de berenjenas al escabeche - mi nona y sus hermanos los hacían por centenares - le pregunté si era cierto que había peleado en el ejército italiano. Me miró muy seriamente y me mostró una cicatriz en el pecho, cerca del cuello. -Esto me lo hicieron los rusos, en Stalingrado - me dijo - yo era caporale en la División Julia. Más adelante me comentó que sufrió mucho el frío y que en las mañanas de mucha niebla oían las campanas de las iglesias rusas y que rezaban para que el sol disipara sus miedos ante la inminente contraofensiva de Stalin. |
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