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martes, 6 de octubre de 2015

Sobre Mitre "historiador"

Así como ocurre en las grandes librerías actuales, en muchas bibliotecas públicas encontramos que quienes nos atienden no saben mucho de libros y menos sobre sus autores, sus prestigios, sus temas, y sus cualidades.
Por esta devaluación lectora que en general afecta a nuestra población solamente en aquellas bibliotecas que aún cuenten entre sus colaboradores personas que,  además de buscar libros en los estantes guiándose por una serie de números ordenada según los parámetros de la llamada ciencia de los bibliotecarios, sepan leer y lo hagan por hábito, podremos obtener la recomendación, cuando preguntemos por un buen libro sobre San Martín, de leer la historia de Mitre, recomendación acompañada por el reconocimiento de ser “un clásico”, es decir, aquello que debe ser tomado en cuenta so pena de perderse el conocimiento de muchos aspectos del asunto que nos preocupa.

Leer los tres volúmenes de la Historia de San Martín y de la Emancipación Americana, editados por Eudeba en 1977 es, entonces, algo importante para seguir el hilo de la narración que sigue a lo largo y a lo ancho de estas páginas.
Pues como dice la cubierta posterior de cada uno de esos tres tomos: “Como historiador, Mitre es el primero que se preocupa por las fuentes, que reúne documentos, que forma archivos, que hace historia científica en un ambiente en el que todavía la historia era un medio de propaganda política o de justificación personal...Diez mil documentos, casi totalmente inéditos, han pasado por sus manos para escribir esta obra. Su lectura y apreciación requirieron la labor paciente y sagaz de muchos años”.
Hoy, cuando tantos clones del Libertador se proponen a la consideración del público con un conjunto variopinto de intenciones, para quienes hemos tenido un contacto con su proyecto político, el volver a leer e interpretar los textos que lo contienen - o lo sospechan -  y explicitar el resultado de la pesquisa para hacer justicia al prócer, es un imperativo categórico, pues como veremos más adelante, el vencedor de San Lorenzo contó con nosotros, sus generaciones futuras, para que le hiciéramos la justicia que sus contemporáneos le negaron.
Mitre en el tomo I  de la obra señalada más arriba, en las páginas  16 y 17 afirma:
...el gran ministro (Canning) se decidió a reconocer este hecho (la independencia de las colonias españolas), y pronunció en tal ocasión las memorables palabras que resonaron en los dos hemisferios: “La batalla ha sido recia, pero está ganada. El clavo queda remachado. La América española es libre: Novus sœculorum nascitur ordo!”
La batalla de Ayacucho, ganada ocho días antes de pronunciadas estas palabras en el opuesto hemisferio, respondió a ellas, coronando el doble triunfo de la independencia sudamericana. Canning pudo entonces exclamar: “He llamado a la vida a un nuevo mundo para restablecer el equilibrio del antiguo””
Varias son las palabras que llaman la atención en un primer análisis de contenido:
...el gran ministro se decidió a reconocer este hecho
palabras que resonaron en los dos hemisferios:
El clavo queda remachado.
La batalla de Ayacucho, ganada ocho días antes de pronunciadas estas palabras en el opuesto hemisferio, respondió a ellas, coronando el doble triunfo de la independencia sudamericana
“He llamado a la vida a un nuevo mundo para restablecer el equilibrio del antiguo”.
¿El “hecho” de la batalla de Ayacucho necesitaba para ser importante, el reconocimiento, “la decisión” del “gran ministro”?
¿Tan importante eran las palabras del “gran ministro” que resonaban en los dos hemisferios?
¿Cuál es el doble triunfo de la independencia sudamericana?
¿No es extraña la secuencia temporal con la cual Mitre interpreta la sucesión “batalla de Ayacucho-palabras de Canning”? ¿Qué influencias y proyectos permiten afirmar que algo que sucedió antes (la batalla) responda a un evento posterior (las palabras)?
¿Qué tipo de dominio y sobre qué y quiénes tenía tal hombre que podía “llamar a la vida a un nuevo mundo para restablecer el equilibrio del antiguo”?
Para responder estas cuestiones debemos completar las frases de Canning pues Mitre no reproduce todas las palabras dichas por el ministro británico al conocer el triunfo final sobre los españoles en el valle de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824.
A lo largo y a lo ancho del territorio que supieron conquistar los normandos a partir de la inolvidable batalla de Hastings se desarrolló una gran discusión que se extendió hasta comienzos de la década de 1880 y que comenzó alrededor de 1820 y su principal interrogante era sobre la naturaleza de la expansión británica sobre los mares: dadas las consecuencias para la política interna, la economía, los sacrificios, la corrupción y sus influencias sobre la sociedad en general, ¿era o no era beneficiosa tal expansión?...¿hasta dónde debía ser bienvenida y festejada? (Bernard Semmel, The Rise of Free Trade Imperialism, Cambridge 1970 citado por Martin Lynn, “British Policy, Trade, and Informal Empire in the Mid-Nineteenth Century,The Nineteenth Century , el volumen III de la  Oxford History of the British Empire, editado por Andrew Porter, p. 102).
“Yo puedo decir sin ningún falso orgullo...”– afirmaba Palmerston, Secretario de Asuntos Exteriores en 848 – “que nosotros estamos a la cabeza moral, social y política de la civilización. Nuestra tarea es liderar la forma y la dirección de la marcha de otras naciones” . (W. Baring Pemberton en Lord Palmerston, Londres, 1954, p.141 citado por Martin Lynn, “British Policy, Trade, and Informal Empire in the Mid-Nineteenth Century, p. 102).

Lo inusual de este debate es la forma en la que fue acompañado, por lo menos desde las décadas de la mitad del siglo, por un sentido de conciencia de la mayoría de la población británica sobre el lugar del país en el mundo. el entonces Secretario de Asuntos Exteriores, expresaba esto claramente en 1848 con su afirmación que Gran Bretaña lideraba la marcha de la civilización. (Citado por). Tal optimismo sobre el lugar de Gran Bretaña en el mundo reflejaba la convicción que el globo estaba siendo ‘renovado’ y ‘mejorado’, y que los intereses británicos estaban en el corazón de esto. El objetivo del imperio - que preocupa al informe del Comité de los Comunes de 1837 - es otorgar a los pueblos del mundo “la oportunidad de llegar a ser copartícipes de tal civilización, de ese inocente comercio, de ese conocimiento y de esa fe , valores otorgados por la graciosa Providencia para bendecir a nuestro propio país” (Citado en Report from the select Committee on Aborigines – British Settlements – P(arliamentary) P(apers) (1837) (425), VII, p.76).
Tales sentimientos eran acompañados por numerosos llamados a una mayor expansión de los intereses británicos sobre los mares. La ostensible aspiración era lo que Palmerston denominó “mejoramiento mundial” , aunque enlazadas con éste, estaban aclaradas y conocidas, las intenciones de beneficiar, además, los intereses económicos británicos. (Afirmado por Donald Southgate en ‘The Most English Minister’: The Policies and Politics of Palmerston (London, 1966), p. 147). La naturaleza de esas ambiciones geopolíticas es quizá mejor conocida en las famosas palabras de George Canning en 1824: “Hispanoamérica es libre y si nosotros no manejamos tristemente mal nuestros asuntos, ella es inglesa”, una proposición que sugiere la creencia que el mundo se mueve en la dirección que fija Gran Bretaña y en concordancia con ella. (Citado en H.W.V. Temperley, ‘The Later American Policy of George Canning’, American Historical Review, XI (1906), p. 796). Los comienzos del siglo diecinueve produjeron llamados para abrir la China a los intereses económicos británicos, la búsqueda de una segunda India en África; y también para expandir el comercio británico en el Sudeste Asiático y en el Medio Oriente.
Libre comercio, definido en el amplio sentido de permitir el libre juego del mercado, fue visto como central en este proceso de expansión. Libre comercio fue el vehículo para el “mejoramiento mundial” así como para la expansión de los intereses económicos británicos sobre los mares. Él fue el medio por el cual el rol británico en el mundo podría ser mejor concretado. Pero todavía el valor de esa expansión sobre los mares y el lugar del libre comercio en ella permaneció controversial, particularmente durante los primeros años del siglo. En principio, el debate sobre libre comercio fue un argumento sobre la naturaleza de la sociedad  británica doméstica, el lugar en ella de la tierra, el comercio, la industria, las finanzas y el rol del Estado en los asuntos económicos. Sin embargo, las dimensiones ultramarinas sobre aquella fueron claramente considerables. Los beneficios del libre comercio fueron vistos como algo biaxial.  Primero, él permitiría el crecimiento de las manufacturas británicas. Él podría ayudar a otros países adquirir ganancias a través de la creciente exportación de alimentos y materias primas hacia Gran Bretaña y con ellas comprar las manufacturas británicas. Él podría estimular la división internacional del trabajo, e incrementar la ventaja comparativa británica para llegar a ser y permanecer como “la fábrica mundial”.
Estrechamente vinculado con esto estaba la segunda cara, el segundo eje, la segunda idea: la del capitalismo como una fuerza moral. El libre comercio ayudaría a civilizar al mundo a través de la difusión del emprender y de la ética del trabajo. Esto esta relacionado con las ideas de progreso como un objetivo moral, definido extensamente en términos de las normas culturales británicas. El crecimiento del comercio británico y las inversiones sobre los mares fueron así vistos como un bien en sí mismo, por su propio derecho, ellos llevaban consigo emprendimiento, progreso, y civilización. El libre comercio inspiraría la regeneración moral, permitiendo a las naciones mal encaminadas, las que iban hacia el atraso, el desarrollar económicamente sus recursos y expulsar a las élites fuera de moda promoviendo el desarrollo de clases capitalistas a través de las dimensiones morales de la industria y la acumulación capitalista. Todo esto visto como un beneficio de las áreas que recibían la intervención británica realizaran o no el desarrollo moral del capitalismo. La ganancia británica era vista entonces como incidental porque el libre comercio era en sí mismo beneficioso para todos. En este sentido el libre comercio llegó a ser la quintaesencia de la primera visión Victoriana del mundo, combinando compromiso moral con el material autointerés”.  

Esta extensa cita pertenece a Martin Lynn, Doctor en Filosofía, Profesor de Historia Moderna en la Queen’s University de Belfast, autor de artículos sobre imperialismo informal en el siglo diecinueve y las historia del comercio británico y del libro Commerce and Economic Change in West Africa. Las frases transcriptas pertenecen a su trabajo British Policy, Trade, and Informal Empire in the Mid-Nineteenth Century publicado en The Nineteenth Century , el volumen III de la  Oxford History of the British Empire, editado por Andrew Porter, p. 101-103. La traducción del inglés ha sido hecha por autor de este libro.

Como podemos comprobar, Mitre, olvida una parte de la frase dicha por Canning:
“..., ella es inglesa”
“Ella”, es hispanoamérica.
Alan Knight – Doctor en Filosofía egresado de Oxford, Profesor de Historia de Latinoamérica en la misma universidad, miembro del St. Antony’s College y autor de los libros The Mexican Revolution (2 vols.) y U.S-Mexican Relations, 1910-1940, entre otros, comienza su ensayo Britain and Latin America publicado en The Nineteenth Century , el volumen III de la  Oxford History of the British Empire, editado por Andrew Porter, p. 122 con estas palabras:

“Hispanoamérica es libre”, festejó George Canning, el Secretario de Estado de Asuntos Extranjeros en 1824, “ y si no manejamos tristemente mal nuestros asuntos, ella es inglesa”. (Cita en Wendy Hinde, George Canning (London, 1973), p. 368). Ahora casi un cliché, la cita ha servido regularmente para justificar la inclusión de Latinoamérica dentro de la noción de imperialismo informal británico. Historiadores imperiales, protagonistas de la teoría de la dependencia y teóricos marxistas  desde Lenín han visto , en distintas maneras, la caída del imperio ibérico formal en el Nuevo Mundo como el preludio del imperialismo informal británico. (Ver John Gallagher y Ronald Robinson, “The Imperialism of Free Trade”, Economic History Review, VI, 1 (1953), pp 1-14; Philip J. O’Brien, “Dependency Revisited”, en Christopher Abel y Colin M. Lewis, eds. Latin America, Economic Imperialism and the State (London, 1985), pp 49-69; Anthony Brewer, Markist Theories of Imperialism (London, 1980), chap.7).

También John Gallagher y Ronald Robinson nos ayudan a certificar este “olvido no voluntario” de Bartolomé Mitre al citar en su “obra maestra” sobre San Martín a la famosa frase del “gran ministro” George Canning.
Como vemos, estas palabras nos permiten "sospechar" que la pretendida "objetividad científica" de Mitre no fue tal, sino tan solo una investigación puesta al servicio de un proyecto político de subordinación al Imperio Británico.

Guillermo Compte Cathcart











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