La frase
“Atlántico Verde” señala la reciprocidad existencial entre Irlanda y
América durante el denominado “largo siglo dieciocho” , que se extiende –
según los historiadores del imperio británico – desde 1700 hasta 1840.
Si tenemos
en cuenta que Guillermo Brown murió en 1857, su vida y sus acciones militares y
políticas – no debemos olvidar que fue gobernador de la Provincia de Buenos Aires – transcurren en ese marco
conceptual: “en” el Atlántico Verde y “durante” el largo siglo dieciocho.
La
comunidad transatlántica dependía del “mundo de madera” del barco, la
tecnología crucial del comercio del siglo diecisiete. La multicolor tripulación
contenida en las cubiertas de cada navío era la expresión del proletariado multicultural:
al final de las Guerras Napoleónicas – Waterloo, 1815, ¡recordar que
Wellington era irlandés!... Y que su alférez, George Cathcart, era primo
hermano de mi tatarabuelo, James Cathcart – una tercera parte de la marina
británica era irlandesa, y una cuarta parte, negra. La danza rápida y el
fandango se convirtieron en el cuerpo principal del lenguaje de ese mundo
babélico. Ese mundo marino no era nunca el del individuo aislado, solitario y
alienado de Robinson Crusoe, sino el de la cooperación colectiva. En ese mundo
de hombres jóvenes – 27 años era la edad promedio – el marino habitaba un
móvil, fluido, disperso campo social, ayudados unos y otros por densos rituales
de sociabilidad y amistad íntima y personal. El flujo de la información era
difuso, en un mundo de rumor, superstición, canciones y leyendas. Los nudos de
esta red extensa y amorfa eran los barcos, los muelles, las prostitutas, los
pubs, las posadas, los prestamistas, las capillas, todos entrelazados por
y en los nervios finales de este sistema Atlántico: los puertos.
Pero, para
que el sistema imperial funcionara era preciso, necesario, imprescindible, un
capitán. Un capitán dotado de los dones de la conducción. Un capitán portador
de valores. Un capitán capaz de señalar una causa, un derrotero, un rumbo. Un
capitán predicador.
Vayan dos
ejemplos.
En una de
las más grandes obras literarias de todos los tiempos, Moby Dick (Melville)
nos describe un capitán obsesionado por una venganza al cual su tripulación
sigue hasta el fondo del abismo. En una película inolvidable, El Motín del
Caine, se nos describe un capitán cruel que es amonestado por el
almirantazgo británico por no haber tenido la fortaleza moral necesaria para
conducir a su tripulación con equidad.
Este marco
nos permite comprender el por qué cuando Guillermo Brown condujo el asalto
final al enclave español de Martín García – el primer triunfo oficial de la
armada nacional – fueron irlandeses quienes ejecutaban el himno a San Patricio
durante el combate y manos irlandesas las que izaron – junto a otras – la
bandera argentina en esa posición estratégica cuyo control permitiría la
posterior toma de Montevideo y el dominio del Río de la Plata por parte de la
revolución americana.
Si
comparamos las edades de San Martín y de Brown – ambos tenían más de treinta
años al comienzo de su servicio a la causa de la liberación – nos damos cuenta
que era nuestra patria su puerto final, el lugar en el que pensaban terminar
sus días, mas allá del hecho que el Héroe de Chacabuco muriera en el exilio.
Esa red de
amistad y camaradería le permitió a Guillermo Brown, en Buenos Aires, y cuando
estaba al borde de la bancarrota – su barco, el Industria había sido
capturado por los españoles – reclutó en los lugares menos reputados de la
costa a un grupo de marineros irlandeses, y algunos escoceses y
norteamericanos. Pidió prestados dos pequeños barcos y al amparo de la
oscuridad, abordó una nave española. Su tripulación dominó a los españoles, los
obligaron a meterse en botes y los hicieron remar hasta Buenos Aires. Con mucha
ceremonia y publicidad registró el barco como pago por su acción. La audaz
iniciativa del irlandés naturalmente despertó el interés del público y de las
autoridades. El gobernador de Buenos Aires, Gervasio Posadas, que ostentaba el
título de Director Supremo, vió la oportunidad de reclutar un valioso oficial
para su débil flota, y le ofreció a Brown el puesto de comandante de la armada
de Buenos Aires, en marzo de 1814. Brown aceptó. Con un barco llamado Hércules
como nave insignia, el capitán Brown se dispuso a librar la batalla del Río
de la Plata. El
15 de marzo, después de cuatro días de combate, tomó la isla de Martín García y
luego destruyó y capturó los barcos españoles que hacían fuerte a la actual
capital del Uruguay.
Guillermo
Brown volvió a Buenos Aires como un héroe. Fue aclamado por las calles y su
retrato adornó las salas de muchas casas. Las autoridades lo ponían aparte de
la colectividad británica, como si fuera un argentino. Las historias sobre
Brown circularon entre el pueblo mezclando hechos y fantasías a tal punto que
se ha hecho difícil distinguir la leyenda de la realidad.
En 1815
nació Esteban Adrogué.
En 1819,
Guillermo Brown abrió un despacho de comestibles a dos calles al sur del Fuerte sobre la ribera. Y durante seis años
vivió como “caballero almacenero”.
Esteban
Adrogué vivía a pocas cuadras del almacén de Brown por lo cual o tuvo un
contacto personal con el almirante o conoció a niños de su edad que lo
tuvieron. Si a eso le sumamos el prestigio que tenía en Buenos Aires y sus
alrededores, es en esa influencia de la niñez en la que debemos buscar la explicación
de la profunda admiración que sentía por el irlandés. Además, Esteban fue
criado con una permanente mirada de su tío Portela y el suegro de éste, don
Tomás Grigera, ambos amigos de su padre fallecido y discípulos de Joaquín
Campana (Campbell) el descendiente de irlandeses que dirigió “la revolución de
las trenzas” en octubre de 1811.
Por esto,
señalar la presencia de Irlanda en el municipio de Almirante Brown es
prácticamente una tautología.
Guillermo
Brown fue el héroe popular de Buenos Aires en la Guerra de la Independencia y en la Guerra contra Brasil. Todas
las batallas que libró en el Río de la
Plata fueron seguidas por la población en la costa del río y
trataba de de ver a Brown.
Por el
prestigio que tenía fue elegido gobernador de Buenos Aires y se mantuvo en el
cargo desde agosto de 1828 hasta mayo de 1829.
Entre 1830
y 1831 el almirante fue director del que hoy es el banco Provincia.
El
almirante mantuvo escaramuzas con la flota francesa durante dos años y medio
durante el bloqueo a Buenos Aires.
En
septiembre de 1842 , Brown derrotó a Giussepe Garibaldi en Costa Brava, sobre
el río Paraná, después que el italiano hubiera saqueado varias ciudades de la
costa.
John
Thomond O’Brien, nacido en Battingloss, condado Wicklow, en 1786, hijo de un rico
terrateniente, acompañó a San Martín en sus campañas, en el regimiento de
Granaderos.
El primer
irlandés en el Río de la Plata ,
según investigaciones de los jesuitas, fue Thomas Fields, sacerdote jesuita,
hijo de un médico de Limerick, quien llegó a Brasil en 1577 y luego viajó a Tucumán y se instaló en Paraguay en
1625.
En 1778,
un grupo de irlandeses viajó bajo contrato para trabajar en saladeros, y en
1785 se importaron carniceros de Irlanda. Los siguió un experto en curtido de
cueros, y hay documentos de gobierno de 1794 que proponen la inmigración de
cien saladores de carne irlandeses.
El 2 de
enero de 1763 el barco Lord Clive que pretendía tomar Colonia fue
incendiado por los defensores de la ciudad y sesenta y dos miembros de la
tripulación salvaron sus vidas y fueron internados en Córdoba. Entre ellos
estaba el fundador de la familia Sarsfield. (de este marino irlandés desciende
Velez Sarsfield, autor del Código Civil).
Según el
registro de extranjeros de 1804 había en Buenos Aires , 10 irlandeses.
Michael
O’Gorman, un médico prominente fue nombrado administrador del sistema
hospitalario colonial en los primeros tiempos del virreinato. Había llegado con
la expedición de Cevallos. Reorganizó el hospital en 1777 y en 1801 fundó la Escuela de Medicina.
James
Florence Burke, irlandés, viajó con órdenes del gobierno británico como espía
en la época de Pitt, en 1804.
Durante la II invasión inglesa hubo un
Capitán Carroll , irlandés, del 88º regimiento, que servía de traductor a
Liniers para comunicarse con los prisioneros británicos, dado que hablaba muy
bien el español.
El
periódico The Standard del 5 de Julio de 1865 relata que cuatro
irlandeses integraban la tropa del general Paunero y que manifestaban haber
sido traídos desde el condado Westmeath con engaños pues les prometieron que
iban a trabajar en una estancia en San Pedro y que habían recibido quinientos
pesos en anticipo y que cuando abordaron el vapor se les dijo que ahora eran
soldados y que recibieron repetidos castigos por no comprender las órdenes de
los oficiales.
John
Oughan llegó a Buenos Aires en 1817 y se unió inmediatamente al general San
Martín en su preparación de la expedición al Perú. Fue uno de los médicos
irlandeses de prestigio en Buenos Aires.
Los
irlandeses abrieron varias escuelas en ciudades de provincias en la década de
1820. Primero, eran maestros viajeros que vivían en las estancias o en las
colonias agrícolas y luego se establecían en un punto.
En el
momento del inicio del bloqueo anglofrancés había 3.500 residentes irlandeses. (1848)
El doctor
irlandés James William Eborall fue médico de Rosas y era el cuñado de Edward
Mulhall – también irlandés – fundador del periódico The Standard.
William Cathcart, argentino, hijo
de James Cathcart – uno de los agrimensores que fundó la primer colonia
escocesa de la Argentina
en nuestra región (Monte Grande, Turdera, Llavallol, Luis Guillón, Lomas de
Zamora, Santa Catalina) – fundó el The Buenos Aires Herald y era
descendiente de Brian Boru, Gran Rey de Irlanda
(vencedor de la batalla de Clontarf), Aud (Unn) “Mente Profunda” Ketilsdatter Reina
de Dublín y la madre de las grandes dinastías de Islandia (Iceland), Olaf “el
Blanco” “Hviti” Ingjaldsson Rey de Irlanda, entre otros. Descendientes de
William Catcart son vecinos de Almirante Brown. El abuelo de Cecilia Grierson
fue también fundador de la
Colonia de Santa Catalina o de Monte Grande.
Hay un poema, The Kilrane Boys,
atribuido a Walter Cormack – un maestro de escuela-cuenta la historia de doce
hombres y una mujer que partieron del condado de Wexford rumbo a Buenos Aires
en abril de 1844. Uno de los versos dice: “van a Buenos Ayres, tierra de
libertad”.
Thomas Saint George Armstrong, a quien sus
padres trajeron de Irlanda en 1817 fue uno de los fundadores de la Bolsa de Valores y el principal
accionista del Banco de Buenos Aires.
El deán Patrick J. Dillon, quien, como
monseñor Dillon, fue legislador provincial después de las elecciones de 1880,
fundó en 1875 el semanario The Southern Cross.
En 1879 inició su trabajo en la Argentina la orden
irlandesa de los Padres Palotinos. El 4 de Julio de 1976 murieron víctimas del
terrorismo de estado tres sacerdotes y dos seminaristas en la iglesia de San
Patricio, en Belgrano.
The Times publicó el 11 de Agosto de 1881: “El
gobierno argentino se muestra interesado en convenir con el gobierno inglés una
inmigración irlandesa en gran escala. El Congreso votó una partida de cuarenta
mil libras para pagar pasajes de los inmigrantes”.
The Times publicó el 29 de Agosto del mismo año: “El
General Roca, presidente de la Confederación Argentina ,
está preparando instalaciones para gran número de familias inmigrantes
irlandesas que llegarán aquí el mes próximo”.
El cónsul británico Henry Cowper informaba al
Foreign Office en la década de 1870: “El progreso de Buenos Aires se debe
principalmente a los industriosos ovejeros irlandeses”.
Mulhall en la edición de 1885 del Handbook
of the River Plate decía: “Los ovejeros irlandeses y escoceses poseen entre
veintidós y veinticuatro millones de ovejas y 1600 leguas cuadradas de tierra
en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba”.
Los irlandeses y sus descendientes fueron
fundadores de pueblos: John Murphy, nacido en el condado de Wexford fundó la
ciudad de Murphy, cerca de Venado Tuerto, que fue fundada por un argentino hijo
de irlandeses: Edward Casey (quien también fundó Pigüé). Otra ciudad , al
noroeste de Venado Tuerto, fue fundada por otro argentino hijo de padres
irlandeses: Thomas Cavanagh.
En la década de 1840 un contingente de
argentinos fueron a buscar oro en California y entre ellos iban integrantes de
la familia Lynch. La hija de uno de estos Lynch, nacida en los Estados Unidos
de Norteamérica volvió a la
Argentina : Era la abuela del Che Guevara.
John William Cook , delegado de Perón durante
los años de proscripción del peronismo , también era descendiente de
irlandeses, al igual que Joseph Baxter, líder de una organización
revolucionaria nacionalista.
Rodolfo Walsh, el autor de Operación Masacre,
también era de sangre irlandesa.
Otro Lynch, Patrick , de Lydican, Galway,
llegó a Buenos Aires en el siglo XVIII e hizo fortuna en el comercio. Uno de
sus descendientes fue Benito Lynch, autor de El Inglés de los huesos y Los
Caranchos de la Florida.
Roberto Wetherton llegó a la Argentina en un año que
no se ha podido establecer con precisión. Se sabe que se casó con una mujer de
apellido Guzmán y tuvieron una hija, Isabel Wetherton y Guzmán quien se casó
con Ignacio Martínez del Canto y ambos fueron padres de Josefa Martínez y Wertherton , nacida en el año 1800 y se casó
en 1821 con Ambrosio Estanislao Mitre. Bartolomé Mitre fue su hijo, presidente
de la Nación y
biznieto de un irlandés.
Juan y Tomás Farrell llegaron en 1536 con
Pedro de Mendoza.
María Elena Walsh y Pacho O’Donnell son
descendientes de irlandeses.
José Hernández – también descendiente de
irlandeses – canta en su Martín Fierro: “Hasta un inglés sanjador/ que
decía en la última guerra/ que él era de Inca-la-Perra”, referiéndose a un
irlandés que como muchos de sus compatriotas desempeñaban el oficio de
hacedores de zanjas.
Domingo French fue descendiente de irlandeses
al igual que Patricio Island, partidario de Lavalle, quien llegó con las
invasiones inglesas y murió en las luchas civiles como “comandante Patricio
Isla , de San Antonio de Areco”.
Un lugar relevante en nuestra historia tiene
el gran Martín Miguel de Güemes de ascendencia irlandesa cierta. Según algunos
británicos su apellido es la castellanización del irlandés O’ Elms. Para otros,
es Uelms. (No pude confirmar, sólo tradición oral).
El Coronel Ignacio Warnes, guerrero de la
independencia, junto a Manuel Belgrano y en el Alto Perú sostiene múltiples
combates hasta morir en Parí el 21 de Noviembre de 1816.
Cecilia Grierson, entrerriana, docente
distinguida por Sarmiento, se decide a estudiar medicina y es la primer mujer
que se recibe de médico. Escribe la historia de la Colonia Escocesa
de la Argentina
en Monte Grande. Difunde el estudio de la Puericultura e
igualmente del Sistema Braille de lectura para ciegos, también desciende de
irlandeses.
Muchos jugadores del Alumni eran de origen
irlandés.
Juan P. Garrahan , el gran médico argentino
es descendiente de irlandeses.
Otro descendiente de irlandeses que fue
presidente: el Gral. Edelmiro J. Farrell (muy importante para la gesta de Juan
Domingo Perón).
Muy importante para la historiografía
argentina es el padre Guillermo Furlong, también descendiente de irlandeses.
Julia Elena Dávalos, la cantante, también lo
es al igual que César Bruto, el humorista, que en realidad se llamaba Carlos
Warnes.
Guillermo Compte Cathcart


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