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miércoles, 8 de julio de 2015

Los Irlandeses en la Argentina, puerto del "Atlántico Verde"


La frase “Atlántico Verde”  señala la reciprocidad existencial entre Irlanda y América durante el denominado “largo siglo dieciocho” , que se extiende – según los historiadores del imperio británico – desde 1700 hasta 1840.
Si tenemos en cuenta que Guillermo Brown murió en 1857, su vida y sus acciones militares y políticas – no debemos olvidar que fue gobernador de la Provincia de  Buenos Aires – transcurren en ese marco conceptual: “en” el Atlántico Verde y “durante” el largo siglo dieciocho.
La comunidad transatlántica dependía del “mundo de madera” del barco, la tecnología crucial del comercio del siglo diecisiete. La multicolor tripulación contenida en las cubiertas de cada navío era la expresión del proletariado multicultural: al final de las Guerras Napoleónicas – Waterloo, 1815, ¡recordar que Wellington era irlandés!... Y que su alférez, George Cathcart, era primo hermano de mi tatarabuelo, James Cathcart – una tercera parte de la marina británica era irlandesa, y una cuarta parte, negra. La danza rápida y el fandango se convirtieron en el cuerpo principal del lenguaje de ese mundo babélico. Ese mundo marino no era nunca el del individuo aislado, solitario y alienado de Robinson Crusoe, sino el de la cooperación colectiva. En ese mundo de hombres jóvenes – 27 años era la edad promedio – el marino habitaba un móvil, fluido, disperso campo social, ayudados unos y otros por densos rituales de sociabilidad y amistad íntima y personal. El flujo de la información era difuso, en un mundo de rumor, superstición, canciones y leyendas. Los nudos de esta red extensa y amorfa eran los barcos, los muelles, las prostitutas, los pubs, las posadas, los prestamistas, las capillas, todos entrelazados por y en los nervios finales de este sistema Atlántico: los puertos.

Pero, para que el sistema imperial funcionara era preciso, necesario, imprescindible, un capitán. Un capitán dotado de los dones de la conducción. Un capitán portador de valores. Un capitán capaz de señalar una causa, un derrotero, un rumbo. Un capitán predicador.
Vayan dos ejemplos.
En una de las más grandes obras literarias de todos los tiempos, Moby Dick (Melville) nos describe un capitán obsesionado por una venganza al cual su tripulación sigue hasta el fondo del abismo. En una película inolvidable, El Motín del Caine, se nos describe un capitán cruel que es amonestado por el almirantazgo británico por no haber tenido la fortaleza moral necesaria para conducir a su tripulación con equidad.
Este marco nos permite comprender el por qué cuando Guillermo Brown condujo el asalto final al enclave español de Martín García – el primer triunfo oficial de la armada nacional – fueron irlandeses quienes ejecutaban el himno a San Patricio durante el combate y manos irlandesas las que izaron – junto a otras – la bandera argentina en esa posición estratégica cuyo control permitiría la posterior toma de Montevideo y el dominio del Río de la Plata por parte de la revolución americana.
Si comparamos las edades de San Martín y de Brown – ambos tenían más de treinta años al comienzo de su servicio a la causa de la liberación – nos damos cuenta que era nuestra patria su puerto final, el lugar en el que pensaban terminar sus días, mas allá del hecho que el Héroe de Chacabuco muriera en el exilio.
Esa red de amistad y camaradería le permitió a Guillermo Brown, en Buenos Aires, y cuando estaba al borde de la bancarrota – su barco, el Industria había sido capturado por los españoles – reclutó en los lugares menos reputados de la costa a un grupo de marineros irlandeses, y algunos escoceses y norteamericanos. Pidió prestados dos pequeños barcos y al amparo de la oscuridad, abordó una nave española. Su tripulación dominó a los españoles, los obligaron a meterse en botes y los hicieron remar hasta Buenos Aires. Con mucha ceremonia y publicidad registró el barco como pago por su acción. La audaz iniciativa del irlandés naturalmente despertó el interés del público y de las autoridades. El gobernador de Buenos Aires, Gervasio Posadas, que ostentaba el título de Director Supremo, vió la oportunidad de reclutar un valioso oficial para su débil flota, y le ofreció a Brown el puesto de comandante de la armada de Buenos Aires, en marzo de 1814. Brown aceptó. Con un barco llamado Hércules como nave insignia, el capitán Brown se dispuso a librar la batalla del Río de la Plata. El 15 de marzo, después de cuatro días de combate, tomó la isla de Martín García y luego destruyó y capturó los barcos españoles que hacían fuerte a la actual capital del Uruguay.
Guillermo Brown volvió a Buenos Aires como un héroe. Fue aclamado por las calles y su retrato adornó las salas de muchas casas. Las autoridades lo ponían aparte de la colectividad británica, como si fuera un argentino. Las historias sobre Brown circularon entre el pueblo mezclando hechos y fantasías a tal punto que se ha hecho difícil distinguir la leyenda de la realidad.
En 1815 nació Esteban Adrogué.
En 1819, Guillermo Brown abrió un despacho de comestibles a dos calles al sur del  Fuerte sobre la ribera. Y durante seis años vivió como  “caballero almacenero”.
Esteban Adrogué vivía a pocas cuadras del almacén de Brown por lo cual o tuvo un contacto personal con el almirante o conoció a niños de su edad que lo tuvieron. Si a eso le sumamos el prestigio que tenía en Buenos Aires y sus alrededores, es en esa influencia de la niñez en la que debemos buscar la explicación de la profunda admiración que sentía por el irlandés. Además, Esteban fue criado con una permanente mirada de su tío Portela y el suegro de éste, don Tomás Grigera, ambos amigos de su padre fallecido y discípulos de Joaquín Campana (Campbell) el descendiente de irlandeses que dirigió “la revolución de las trenzas” en octubre de 1811.
Por esto, señalar la presencia de Irlanda en el municipio de Almirante Brown es prácticamente una tautología.
Guillermo Brown fue el héroe popular de Buenos Aires en la Guerra de la Independencia y en la Guerra contra Brasil. Todas las batallas que libró en el Río de la Plata fueron seguidas por la población en la costa del río y trataba de de ver a Brown.
Por el prestigio que tenía fue elegido gobernador de Buenos Aires y se mantuvo en el cargo desde agosto de 1828 hasta mayo de 1829.
Entre 1830 y 1831 el almirante fue director del que hoy es el banco Provincia.
El almirante mantuvo escaramuzas con la flota francesa durante dos años y medio durante el bloqueo a Buenos Aires.
En septiembre de 1842 , Brown derrotó a Giussepe Garibaldi en Costa Brava, sobre el río Paraná, después que el italiano hubiera saqueado varias ciudades de la costa.
John Thomond O’Brien, nacido en Battingloss, condado Wicklow, en 1786, hijo de un rico terrateniente, acompañó a San Martín en sus campañas, en el regimiento de Granaderos.
El primer irlandés en el Río de la Plata, según investigaciones de los jesuitas, fue Thomas Fields, sacerdote jesuita, hijo de un médico de Limerick, quien llegó a Brasil en 1577 y luego  viajó a Tucumán y se instaló en Paraguay en 1625.
En 1778, un grupo de irlandeses viajó bajo contrato para trabajar en saladeros, y en 1785 se importaron carniceros de Irlanda. Los siguió un experto en curtido de cueros, y hay documentos de gobierno de 1794 que proponen la inmigración de cien saladores de carne irlandeses.
El 2 de enero de 1763 el barco Lord Clive que pretendía tomar Colonia fue incendiado por los defensores de la ciudad y sesenta y dos miembros de la tripulación salvaron sus vidas y fueron internados en Córdoba. Entre ellos estaba el fundador de la familia Sarsfield. (de este marino irlandés desciende Velez Sarsfield, autor del Código Civil).
Según el registro de extranjeros de 1804 había en Buenos Aires , 10 irlandeses.
Michael O’Gorman, un médico prominente fue nombrado administrador del sistema hospitalario colonial en los primeros tiempos del virreinato. Había llegado con la expedición de Cevallos. Reorganizó el hospital en 1777 y en 1801 fundó la Escuela de Medicina.
James Florence Burke, irlandés, viajó con órdenes del gobierno británico como espía en la época de Pitt, en 1804.
Durante la II invasión inglesa hubo un Capitán Carroll , irlandés, del 88º regimiento, que servía de traductor a Liniers para comunicarse con los prisioneros británicos, dado que hablaba muy bien el español.
El periódico The Standard del 5 de Julio de 1865 relata que cuatro irlandeses integraban la tropa del general Paunero y que manifestaban haber sido traídos desde el condado Westmeath con engaños pues les prometieron que iban a trabajar en una estancia en San Pedro y que habían recibido quinientos pesos en anticipo y que cuando abordaron el vapor se les dijo que ahora eran soldados y que recibieron repetidos castigos por no comprender las órdenes de los oficiales.
John Oughan llegó a Buenos Aires en 1817 y se unió inmediatamente al general San Martín en su preparación de la expedición al Perú. Fue uno de los médicos irlandeses de prestigio en Buenos Aires.
Los irlandeses abrieron varias escuelas en ciudades de provincias en la década de 1820. Primero, eran maestros viajeros que vivían en las estancias o en las colonias agrícolas y luego se establecían en un punto.
En el momento del inicio del bloqueo anglofrancés había 3.500 residentes irlandeses. (1848)
El doctor irlandés James William Eborall fue médico de Rosas y era el cuñado de Edward Mulhall – también irlandés – fundador del periódico The Standard.
William Cathcart, argentino, hijo de James Cathcart – uno de los agrimensores que fundó la primer colonia escocesa de la Argentina en nuestra región (Monte Grande, Turdera, Llavallol, Luis Guillón, Lomas de Zamora, Santa Catalina) – fundó el The Buenos Aires Herald y era descendiente de Brian Boru, Gran Rey de Irlanda (vencedor de la batalla de Clontarf), Aud (Unn) “Mente Profunda” Ketilsdatter Reina de Dublín y la madre de las grandes dinastías de Islandia (Iceland), Olaf “el Blanco” “Hviti” Ingjaldsson Rey de Irlanda, entre otros. Descendientes de William Catcart son vecinos de Almirante Brown. El abuelo de Cecilia Grierson fue también fundador de la Colonia de Santa Catalina o de Monte Grande.
Hay un poema, The Kilrane Boys, atribuido a Walter Cormack – un maestro de escuela-cuenta la historia de doce hombres y una mujer que partieron del condado de Wexford rumbo a Buenos Aires en abril de 1844. Uno de los versos dice: “van a Buenos Ayres, tierra de libertad”.
Thomas Saint George Armstrong, a quien sus padres trajeron de Irlanda en 1817 fue uno de los fundadores de la Bolsa de Valores y el principal accionista del Banco de Buenos Aires.
El deán Patrick J. Dillon, quien, como monseñor Dillon, fue legislador provincial después de las elecciones de 1880, fundó en 1875 el semanario The Southern Cross.
En 1879 inició su trabajo en la Argentina la orden irlandesa de los Padres Palotinos. El 4 de Julio de 1976 murieron víctimas del terrorismo de estado tres sacerdotes y dos seminaristas en la iglesia de San Patricio, en Belgrano.
The Times publicó el 11 de Agosto de 1881: “El gobierno argentino se muestra interesado en convenir con el gobierno inglés una inmigración irlandesa en gran escala. El Congreso votó una partida de cuarenta mil libras para pagar pasajes de los inmigrantes”.
The Times publicó el 29 de Agosto del mismo año: “El General Roca, presidente de la Confederación Argentina, está preparando instalaciones para gran número de familias inmigrantes irlandesas que llegarán aquí el mes próximo”.
El cónsul británico Henry Cowper informaba al Foreign Office en la década de 1870: “El progreso de Buenos Aires se debe principalmente a los industriosos ovejeros irlandeses”.
Mulhall en la edición de 1885 del Handbook of the River Plate decía: “Los ovejeros irlandeses y escoceses poseen entre veintidós y veinticuatro millones de ovejas y 1600 leguas cuadradas de tierra en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba”.
Los irlandeses y sus descendientes fueron fundadores de pueblos: John Murphy, nacido en el condado de Wexford fundó la ciudad de Murphy, cerca de Venado Tuerto, que fue fundada por un argentino hijo de irlandeses: Edward Casey (quien también fundó Pigüé). Otra ciudad , al noroeste de Venado Tuerto, fue fundada por otro argentino hijo de padres irlandeses: Thomas Cavanagh.
En la década de 1840 un contingente de argentinos fueron a buscar oro en California y entre ellos iban integrantes de la familia Lynch. La hija de uno de estos Lynch, nacida en los Estados Unidos de Norteamérica volvió a la Argentina: Era la abuela del Che Guevara.
John William Cook , delegado de Perón durante los años de proscripción del peronismo , también era descendiente de irlandeses, al igual que Joseph Baxter, líder de una organización revolucionaria nacionalista.
Rodolfo Walsh, el autor de Operación Masacre, también era de sangre irlandesa.
Otro Lynch, Patrick , de Lydican, Galway, llegó a Buenos Aires en el siglo XVIII e hizo fortuna en el comercio. Uno de sus descendientes fue Benito Lynch, autor de El Inglés de los huesos y Los Caranchos de la Florida.
Roberto Wetherton llegó a la Argentina en un año que no se ha podido establecer con precisión. Se sabe que se casó con una mujer de apellido Guzmán y tuvieron una hija, Isabel Wetherton y Guzmán quien se casó con Ignacio Martínez del Canto y ambos fueron padres de Josefa Martínez y  Wertherton , nacida en el año 1800 y se casó en 1821 con Ambrosio Estanislao Mitre. Bartolomé Mitre fue su hijo, presidente de la Nación y biznieto de un irlandés.
La Argentina es el país de habla no inglesa que más descendientes de irlandeses tiene, y el quinto en todo el mundo.
Juan y Tomás Farrell llegaron en 1536 con Pedro de Mendoza.
María Elena Walsh y Pacho O’Donnell son descendientes de irlandeses.
José Hernández – también descendiente de irlandeses – canta en su Martín Fierro: “Hasta un inglés sanjador/ que decía en la última guerra/ que él era de Inca-la-Perra”, referiéndose a un irlandés que como muchos de sus compatriotas desempeñaban el oficio de hacedores de zanjas.
Domingo French fue descendiente de irlandeses al igual que Patricio Island, partidario de Lavalle, quien llegó con las invasiones inglesas y murió en las luchas civiles como “comandante Patricio Isla , de San Antonio de Areco”.
Un lugar relevante en nuestra historia tiene el gran Martín Miguel de Güemes de ascendencia irlandesa cierta. Según algunos británicos su apellido es la castellanización del irlandés O’ Elms. Para otros, es Uelms. (No pude confirmar, sólo tradición oral).
El Coronel Ignacio Warnes, guerrero de la independencia, junto a Manuel Belgrano y en el Alto Perú sostiene múltiples combates hasta morir en Parí el 21 de Noviembre de 1816.
Cecilia Grierson, entrerriana, docente distinguida por Sarmiento, se decide a estudiar medicina y es la primer mujer que se recibe de médico. Escribe la historia de la Colonia Escocesa de la Argentina en Monte Grande. Difunde el estudio de la Puericultura e igualmente del Sistema Braille de lectura para ciegos, también desciende de irlandeses.
Muchos jugadores del Alumni eran de origen irlandés.
Juan P. Garrahan , el gran médico argentino es descendiente de irlandeses.
Otro descendiente de irlandeses que fue presidente: el Gral. Edelmiro J. Farrell (muy importante para la gesta de Juan Domingo Perón).
Muy importante para la historiografía argentina es el padre Guillermo Furlong, también descendiente de irlandeses.
Julia Elena Dávalos, la cantante, también lo es al igual que César Bruto, el humorista, que en realidad se llamaba Carlos Warnes.

Guillermo Compte Cathcart



















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