Un hotel de Azul
bamboleante
con la fatiga sonora y apasionada bizarra y seda
de los metales acariciándose
sobre el
cielo desparejo de pergaminos
despegados
de zócalos obesos y muebles moribundos
y el nervioso ejército de cucarachas la hélice despintada suspira
el viento
exiguo de la melancolía
sobre el
cuerpo tumbado
en aquella manta que supo trenzar la
mano de cobre
en las perdidas quebradas del río
Salado
y ahora recorre galpones olvidados y pasillos de sombras
los
recuerdos mutilados por las comas sin sentido del alcohol
impiden la
memoria de las sonrisas
y repiten
el eco rotundo de la maldición:
“sólo
recordarás el dolor”
El borracho sigue en sus desvaríos
el esfuerzo inútil del ventilador
y se recuerda en
el último vagón de un tren capicúa
mirando sin comprender a la
sospecha de su sangre
y ese niño que
corre llorando sobre las vías
jamás lo alcanzará.
Guillermo Compte Cathcart


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