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Daniel Defoe |
Cada 18 de
Julio, la localidad de Rafael Calzada, Partido de Almirante
Brown, Provincia de Buenos Aires, República Argentina, cumple años.
Dentro del vasto
repertorio de hechos en de la vida y obra su fundador, el español nacido en Navia, Asturias, recordamos que este singular personaje hizo del paraje conocido como “Santa Rita” un nuevo pueblo: Villa Calzada.
En estas líneas
queremos destacar un aspecto no muy conocido de la personalidad de este inmigrante cantábrico
que tanta preponderancia tuvo en la colectividad hispana en la Argentina durante las
décadas que cabalgan sobre los última parte del siglo XIX y la primera del XX.
Según dice él
mismo en su autobiografía, cuando cursaba sus
estudios primarios “tomó prestado sin permiso” un libro perteneciente a su
maestro, motivo por el cual fue expulsado y debió terminar su capacitación
guiado por su madre, quien era docente no ejerciente.
Este acto,
absolutamente ponderable para quienes pensamos que desarrollar el hábito lector
desde temprana edad es fundamental para el mejoramiento de la sociedad humana,
señala claramente la presencia de una persona destacable.
Este libro
“rescatado” no era cualquier libro, sino uno muy especial. Un libro que, tanto
desde su contenido, como de su autor, brinda suficientes virtudes emprendedoras
a quien busca modelos a los cuales seguir durante la existencia en este mundo.
En estas líneas
ofrecemos un conjunto de frases extraídas de una vasta bibliografía sobre el
Imperio Británico y que se refieren específicamente al autor de ese volumen que
tanto deseaba Rafael, quien desde su cuna había oído de sus mayores historias
sobre los piratas ingleses – y navegantes “comerciantes” similares a ellos -
que batieron durante siglos la comarca en la cual nació.
Obviamente, así
como los nutricionistas señalan que “somos lo que comemos”, nosotros pensamos
que “somos lo que leemos”.
En el libro The Oxford Companion
to British History, editado por John Cannon (Oxford University Press,
2002), páginas 280-281, leemos:
“Defoe,
Daniel (c. 1660-1731) Prolífico escritor inglés, educado en una
academia no conformista respecto a la iglesia establecida, - un “protestante
fundamentalista” - fue encarcelado por participar en un golpe de estado contra
la monarquía, antes de hacer la apología de William III con el best-seller True-born
Englishman (1701). Fue reclutado como agente de inteligencia y propagandista
por Robert Harley – quien al morir dejó una colección de libros y manuscritos
que fue la base de la biblioteca del Museo Británico – y fue editor de Review
desde 1704 a
1713. Escribió propaganda gubernamental hasta 1714 y tuvo participación en la
redacción del Acta de Unión con Escocia, la cual dio nacimiento a la “Gran
Bretaña”, es decir, el Imperio Británico. En 1719 escribió Robinson Crusoe,
la primera de una serie de autobiografías ficcionales que incluyen A journal
of the Plague Year (1722), Moll Flanders (1722) y Roxana (1724).
Crucialmente significante como fuente para la comprensión de la sociedad
británica de comienzos del siglo 18, trabajos como A Tour thro’ the Whole
Island of Great Britain (1724-6) han sido intensamente consultados por los
historiadores. Finalmente murió cerca
del lugar de su nacimiento, acosado por acreedores, en la calle Grub, en
Moorfields, Londres, habitada por cuentistas, poetas y escritores de
diccionarios.”
Un siglo y
varias décadas después, Rafael Calzada leyó Robinson Crusoe y tuvo
conocimiento sobre la vida y la obra de Daniel Defoe.
Esto lo llevó a
fundar una ciudad de Almirante Brown guiado por el ejemplo de un personaje central de un libro "prestado".
Tan grande fue el contenido de la trama que de niño jugaba a ser Robinson y tenía un amigo que a regañadientes cumplía el rol secundario de Viernes.
Es decir, que cada vez que se recuerda a Rafael Calzada, también recordamos a Daniel Defoe.
Guillermo Compte Cathcart
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