Al cruzar la sala de los juegos, se detuvo ante el
gastado paño verde de la mesa de bridge y elevó su mirada para saludar al Almirante Branlock, el héroe olvidado de Trafalgar.
Sintió como siempre se siente el dolor de las
despedidas de los lugares que amamos.
En el pasillo lo esperaba la señorita Hannah con el
habitual rostro inmutable de quien ha sido testigo de males ancestrales que se
repiten a través de los siglos.
Ninguna palabra, ningún gesto. Solo el abrir y el
cerrar la gastada puerta de la pensión Blakhole.
















































